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El amor en los tiempos posmodernos

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El amor en los tiempos posmodernos

A PROPÓSITO DE "LUZ FABULADA Y OTROS POEMAS”

      Recorrer las páginas de este libro de Artayer, es en verdad realizar un recorrido muy especial. Lo primero que hay que decir es que en realidad estamos ante una personal “biblia” poética, pues en rigor no es un libro sino son cuatro.
      A los efectos de este artículo, dejamos de lado el cuarto, “Alguien y su muchedumbre”, una obra muy sugerente, ambigua, hermética inclusive, de mayor libertad formal, que requiere un análisis aparte.
      Los tres primeros, “Luz fabulada”, “Erosonetos” y “Los ojos recién llegados”, tienen afinidad y hasta continuidad. Están escritos en un estilo clásico. Aquí, Artáyer utiliza como forma expresiva excluyente el soneto, en el que se mueve como pez en el agua, conformando toda una proeza literaria. ¡Casi cien sonetos! Ese solo número impresiona y bastaría para aplaudir. Pero en definitiva lo que interesa en este caso no es el instrumento que utiliza el poeta sino la melodía que es capaz de producir con ese instrumento.
      Y en esos tres libros, la melodía indudable es la del amor.
      “Luz fabulada” es probablemente el más logrado de estos tres libros por tener una coherencia que casi lo convierte en una pequeña novela en verso. El lector hace con el poeta todo un recorrido que va desde la soledad del hombre que espera la llegada de la mujer amada, hasta el encuentro con ella (“Era un jueves...”) y la consagración y plenitud de ese amor. Por eso, por dicha coherencia, no es de extrañar la insistencia en ciertas palabras, como si se trataran de las notas musicales que, en renovadas combinaciones, componen diferentes melodías: relojes, brújulas, sed, carne, sangre, sandalia, célula, raíz, almohadas, sábanas, con sus claras connotaciones de espera, búsqueda, extravío, recorrido, ausencia, sensualidad...
      La poesía de Artáyer adquiere una dimensión universal (diferente, claro, de la “universalidad” actual de la globalización) al carecer de elementos regionales, o de una localización espacio-temporal determinada. Santiago apenas puede intuirse cuando, por ejemplo, se refiere a un día que “entinta de lapachos la tristura” (“Desazones”) o a los “coyuyos primiciales” (“Anochece en mí”), quizás en las “dulces tardes amarillas” (“El recuperado”), frase que nos trae ecos de Dalmiro Coronel Lugones. Es más, no sólo no encontramos aquí a Santiago sino que hay elementos propios de otros paisajes completamente ajenos a nuestra geografía: gaviotas, mar, bahías, brumas, islas, océano. El paisaje de estos tres libros es interior, y se muestra sin pudor o con el implícito pudor que supone vestir la escritura con elementos retóricos.
      Artáyer es identificado comúnmente como el poeta santiagueño del amor. Lo cual no significa que no haya pulsado otras cuerdas (las futuras ediciones de sus obras inéditas, ansiosamente esperadas, servirán para completar el panorama). Pero en su obra, como en este libro que comentamos, el amor tiene un lugar de privilegio, específicamente el amor erótico (es difícil pensar en un título más adecuado que “Erosonetos”, para definir estas composiciones). Y he aquí la cuestión sobre la cual nos interesa abrir al menos un espacio para la reflexión: el abordaje del tema del amor por las nuevas generaciones de poetas de Santiago. En algunos encuentros con escritores que visitaron la audición de “El unicornio” se conversó sobre esta cuestión. Observamos que los escritores jóvenes, casi no hablan del amor de pareja, del amor erótico, en sus obras.(1) Juan Anselmo Leguizamón, cuya obra abreva mucho en la ironía, el humor, el juego metalingüístico, el ejercicio vanguardista, tiene apenas una referencia directa cuando menciona “el amor verdadero que es sencillo, básico, austero” (“Mis amigos no gustan de la poesía”); o pareciera ser el tema en "25 formas de decir te quiero", pero en realidad lo que hace es eso: referirse a la forma, al discurso. Francisco Avendaño apenas lo menciona en "Postrimerías" y dice: “el amor es un borrón en cursiva” (aunque nos comentó que hay poemas de amor en uno de sus libros inéditos); su hermano, Juan Santiago, dice con respecto a escribir sobre el amor, que “otros escritores lo han hecho y lo han hecho bien, así que para qué vamos a redundar”. Es como decir que ya está prácticamente todo dicho con respecto a este tema, o que por lo menos habría que buscar otras formas de abordarlo. Lo dice el propio Juan Anselmo cuando ruega: “no maldiga el amor, la amargura, esa pasión de lamerse las heridas todo el día” (“Por favor no escriba poesía”). Parece rondar por ahí el “fantasma” (por llamarlo de alguna manera) de la redundancia o de la obviedad, en la que estos nuevos escritores no quieren caer. Por su parte, Andrés Navarro habla mucho de atracción física, sexual, de féminas hormonales dispersas, de objeto-puta o se refiere con su habitual humor a una frustrada relación nacida en el messengger (en “El asno de oro”), o una fracasada conquista como en “Vivero”. De quienes pasaron por El Unicornio (insistimos, sólo una muestra, incompleta, pero llamativa de la literatura santiagueña actual), sólo Pablo Gramajo aborda el amor erótico permanentemente y, es más, cuenta que como muchos escritores, él comenzó a escribir por un desengaño amoroso. Otra excepción parece ser Mauricio Rey (un futuro invitado del programa) quien, sin caer en la poesía erótica tradicional, hace una frecuente referencia a un tú femenino (una “chica”, con diferentes nombres) que lo completa.
      Aquí cabría abrir algunas conjeturas al respecto (que los visitantes del blog podrán corregir y aumentar):
      * Es posible que sea un reflejo de los tiempos posmodernos en los que las relaciones humanas mismas han cambiado sustancialmente, volviéndose superficiales, efímeras, inestables. Sería raro encontrar hoy un libro de poemas como el de Artáyer, dedicado íntegramente al amor y a la amada (¡Una amada!). Hoy hay una reacción contra lo que pueda parecer romántico, se prefiere el ejercicio metalingüístico, la indagación sobre la naturaleza misma del acto de escribir, preocupación que, sin embargo, no es ajena a Artáyer cuando se refiere a la dificultad de poner en palabras lo que siente: “me insistes en la voz sin darle tiempo a devenir canción o mar o cifra” (“Inasible”); o cuando intuye, de un modo borgeano, que está repitiendo lo que otros hicieron: “Acaso todo haya sido dicho / pronunciado por millones de labios / en todos los idiomas y los signos / durante innumerables calendarios. // Acaso los hombres sean el mismo / con diferente piel en cada caso.” (“El enigma repetido”)
      * Mencionamos el pudor. Alicia Fernández de Polido nos hablaba de que prefería la prosa al verso, porque en la poesía se sentía más expuesta. Es una posible explicación, que se relaciona con la siguiente:
      * En un mundo tan competitivo como el de hoy ¿se considerará el amor (y los sentimientos en general) como una debilidad? Ese tipo de pudor sería paradójico en una literatura como la actual en la que no hay tema tabú, ni resquemores en usar términos que puedan parecer groseros (las tan mentadas “malas palabras”) ni en romper con estructuras tradicionales con-sagradas y aun evitarlas. Al respecto, Juan Santiago Avendaño dice: “capaz que no vería expuesto sino que me vería medio obvio, y no estaría bueno eso”.
      * Tampoco es que sea obligatorio referirse al amor en la poesía, ni es que se trate de una carencia. Los escritores actuales parecen impelidos a constituirse en una suerte de cronistas que registran la realidad de los tiempos que corren, dan testimonio de ello y muchas veces para hacerlo deben escudriñar en su propia interioridad.
      * Nos falta además una visión de la escritura de la nueva generación de escritoras. Esperamos que en el espacio de El Unicornio tengamos la oportunidad de conocerlas y ampliar, completar y corregir esta primera impresión que tuvimos acerca de la cuestión del amor en la poesía santiagueña actual.

      Una obra como la de Artáyer tiene obviamente hoy una recepción diferente que la que pudo haber tenido en el momento de su composición (al pie del primer poema de “Luz fabulada” hay una fecha, de 1975, que parece ser el año en que fue escrito), lo cual motiva una reflexión final. Por supuesto, celebramos la edición de esta obra de un autor importante en nuestras letras, sobre todo para que mucha más gente tenga acceso a su obra, pueda conocerla, analizarla, estudiarla, completar un panorama de la literatura santiagueña de fines del siglo XX. Pero a la vez es de lamentar que esa obra tenga que llegar a nosotros a través de una edición de autor, después de tanto tiempo; que no haya tenido en su momento un apoyo, una promoción, de editoras estatales o privadas. Y esta lamentable situación continúa. Así también lamentamos que seguramente nos estemos “perdiendo” de conocer a muchos escritores actuales, que quién sabe si alguna vez podremos conocer a través de una edición de sus obras, en el momento mismo de su producción, cuando se supone que lo que dicen es más significativo, por ser aquí y ahora. “El Unicornio” nació con ese propósito de crear un espacio más para la expresión de esas voces que merecen ser oídas. Pero es apenas una gota en el mar...

      (1) Hay que aclarar, desde luego, que los escritores jóvenes tienen la mayor parte de su obra inédita, por lo que siempre será parcial la visión que tengamos de la misma

      Inlcuímos a continuación un archivo de audio con la grabación del poema "No tardes",

 extraído de "Luz fabulada", recitado por Heraldo Pastor

 

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