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A Leónidas Lamborghini

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A Leónidas Lamborghini

      Con motivo del reciente fallecimiento de Leónidas Lamborghini, se nos ocurrió hacer un programa especial como homenaje, y en coherencia con el espíritu central de nuestro programa: la difusión de la obra de los escritores. En esta oportunidad, le pedimos a Andrés Navarro (quien ya nos había visitado en la radio) que nos acompañara para conversar acerca de  este poeta, porque sabíamos que  es uno de los que más admira. A modo de presentación, Andrés escribió es siguiente texto, que transcribimos a continuación:

 A LEÓNIDAS LAMBORGHINI

        Me río de vos, Leónidas. Quiero reírme de vos. Aprendo a escribir copiándote. Sos el Modelo imperfecto que quiero superar. De hecho iá soy mejor que vos. No-no, no te rías, iá te has reído bastante. Ahora me toca a mí y unos cuantos eunucos que te seguimos los pasos hasta enchastrarnos las patas en esta fuente.
        Te has muerto a los 82 años, y ¿qué queda? Ufff, quedan de mi lado, como siempre, interrogantes. Aunque también algunas soluciones: has sido y sos un poeta transgresor (de tu primera plaqueta allá por “El saboteador arrepentido”, decían que mancillaba la poesía), has sido uno de esos poetas del tipo que se mueren jóvenes como tu hermano Osvaldo (otro alto poeta). Pero vos no te has muerto joven, la que se ha muerto joven es tu poesía; siempre en movimiento, siempre nueva, que salta de un lado a otro como una liebre loca, decías.
        En el 80, el año de mi nacimiento, vos estabas exiliado en México, corrido por la dictadura. Eras un poeta peronista, pero por sobre todo, eras un bufón que controlaba las locuras del poder. Trece años después, cuando vuelves, uno de los libros que publicas es “Odiseo confinado”, libro que acabo de leer la semana pasada, ¡qué pedazo de poema! La Odisea, la gauchesca, la experimentación, todo está ahí. Ió quiero hacer una re-escritura de eso. Estaba pensando, ¿no? Si la escribo, se podría llamar: Odiseo confitado. ¡Ja! Qué diciendo.
        Tienes más de veinte libros publicados y todavía faltan los inéditos. Qué cosa, che, estaba la otra vez en el Ateneo de Tucumán y tenía entre las manos al “Odiseo”, “Carroña última forma” y “Trento” y “La experiencia de la vida”, dos de tus tres novelas. Tenía que elegir uno y “Odiseo confinado” era el que tenía en la cabeza desde hace mucho, allá en el tiempo, cuando estudiaba en Tucumán y largaba mis primeros garabatos poéticos.
        Me río de vos, Leónidas, porque te habrás ido, pero ió iá te he sacado algo. Me tangencio con vos aunque no quieras y te revuelques. Y soy un émulo y no me caigo. ¿Qué queda sino?
        Queda insistir en la combinatoria de la que hablabas; el encuentro de lo alto y de lo bajo. Qué encuentro, la mezcolanza, la experimentación con la palabra. ¿Está todo en el lenguaje, decías? ¿El lenguaje es un instrumento, decías? Decías: hay que romper el estrumento, decías.
        ¿Qué queda? Queda reírse de vos, Leónidas, mancillar tu poesía. Queda parodiarte a vos, que iá sos un excelso. Queda darle bola a las voces; escuchar ese murmullo. Queda entender que se trata de un juego y jugar. Queda perderse a uno mismo y dejarse guiar por el silencio que habita en las palabras.

Andrés Navarro (20-11-2009)


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