Avisar de contenido inadecuado

Shishilo

{
}

 TAGS:       Uno de los acontecimientos editoriales del 2009 en Santiago del Estero fue la edición de "Shishilo" de Dante Cayetano Fiorentino. Bajo este título, se reunieron relatos y unas cuantas poesías que pertenecían a libros anteriores del autor, el "Shishilo" original (1988), "Cara de nadie" (1994) y algún otro texto rescatado del olvido. Lo bueno de este libro es que posibilita la lectura de obras que estaban agotadas y que a pesar de ello seguían despertando interés y teniendo demanda. Esto se debe seguramente a que este escritor es un clásico, con todas las letras.

      Ahora bien, dicha edición permite algunas reflexiones, alguna un tanto amarga, como enfrentarnos con el hecho de que Fiorentino no ha presentado nuevas producciones literarias desde hace varios años, y debemos "conformarnos" (limitada palabra en este caso) con las ya conocidas, que, como todo clásico, resisten el paso del tiempo y siempre se releen como si fueran nuevas. Y en algunas ocasiones hasta se puede gozar de la experiencia de encontrar a Fiorentino en persona en algún encuentro literario y escucharlo leer sus propios textos. Es como presenciar una leyenda viviente. Los que hacemos "El Unicornio" estuvimos, por ejemplo, en las lecturas públicas que hizo de "El apodo", en uno de los "tés literarios" organizados durante el 2010 por la escritora Krasiah Alawad en la Casa del Inmigrante, y de una adaptación suya de "Los terrones", hecha para un encuentro de autores de microrrelatos en Casa Castro, convocados por la FIE (Fundación para la Innovación Educativa) en julio de este año.

      Por otro lado, esta reedición nos hace especular cómo serían esas nuevas narraciones, si siguiera escribiendo y publicando. ¿Escribiría sobre la ciudad? Imaginamos cómo sería la ciudad retratada con esa agudeza con que pintó el Santiago rural o pueblerino. Es probable que, como en el mencionado "El apodo", cuyo protagonista es un barrendero que limpia el empedrado de la vieja avenida Roca, su mirada se siguiera centrando en los marginados. Teniendo en cuenta esto, no sería exagerado emparentar su narrativa con la de otro clásico santiagueño, Jorge Wáshington Ábalos (creador también de un personaje de tal espesor, Shunko, que su nombre compite en notoriedad con el de su propio autor) (1) y aun podríamos incluir en la misma línea a Clementina Rosa Quenel.

      La reedición del viejo material (en el que advertimos algunos retoques con respecto al original) también nos hace pensar que esta circunstancia no es más que un síntoma del agotamiento de una forma de narrar, eminentemente realista, regionalista, con rasgos propios del criollismo.(2) El hecho de que Fiorentino pareciera no escribir más, también lo demostraría. Y si bien es indudable que aún se pueden encontrar relatos regionalistas, ya que todavía se producen, estos no logran alcanzar la dimensión que alcanzaron en Fiorentino. Es como si él ya lo hubiera dicho todo, ya hubiese agotado una temática y una forma expresiva, y los demás estuvieran repitiéndolo innecesariamente, desprovistos de su encanto, o al menos del encanto de una visión diferente (o personal) de las cosas.(3)

      En este sentido, cobran un significado especial las palabras de una de las tres poesías incluidas en este volumen: "¡Despierta Santiago!" Si bien, uno las lee como un lamento, y supone que fueron escritas como resultado de la desilusión de alguien que había observado la riqueza potencial de un Santiago nunca adecuadamente desarrollada, se ve tentado a darle una lectura especial: una alusión a ese mismo agotamiento en el discurso literario, que mencionábamos, a la necesidad de abandonar el paisajismo hueco, mecánico, el regodeo en el pintoresquismo que puede conducir al peligro de consagrar demasiado lo viejo, de quedarse en lo superficial y generar un estancamiento mortal para la literatura local misma. "¡Basta de salitrales y de pencas!" ruega Fiorentino.

      Probablemente lo que vuelva eternos a sus relatos sea su estructura abierta, en la que el lector no queda afuera como en el relato tradicional.(4) El lector de la antología "Shishilo" no es un lector pasivo, ni su narrador es paternalista. Si bien éste define con gran precisión las características físicas y psicológicas de los personajes, el lector habrá de completar esa descripción con su propia observación, tendrá que hacer su aporte y convertirse en co-autor. En "El padre" a pesar de la caracterización que hace el narrador personaje, no quedan en absoluto completos los retratos del padre ni del hijo. Tampoco queda completa su historia, que excede los límites materiales del relato: el lector debe hacer una operación de inferencia y reconstruir dicha historia a partir de las palabras de un personaje alcoholizado, y las actitudes desplegadas en el silencio por el otro.

      Precisamente "El padre" es un óptimo ejemplo para observar que los relatos de Fiorentino tienen rasgos (inesperados, si se quiere) de modernidad (lo moderno entendido como opuesto a lo tradicional) que posibilitan la mencionada participación del lector. El comienzo es abrupto, con el parlamento de uno de los personajes. El final es abierto y rehuye a la sentencia, la moralina o el didactismo. NO hay una palabra final del narrador. El tiempo es impreciso. El lugar también es impreciso, apenas se hacen las referencias mínimas necesarias para ubicarnos en un espacio. El narrador es un personaje más, está sentado a una mesa con el padre, bebiendo, y por lo tanto su "autoridad" narrativa es relativa. La estructura no responde a la organización clásica de introducción-nudo-desenlace.

      Y precisamente con respecto a la estructura, es significativa la organización de los textos en este nuevo libro. Se inicia con el cuento que le da título, el más conocido (y reconocido) del escritor, y es de suponer que por esta causa es el primero de la antología. Tan solo el primer párrafo ya nos dice mucho acerca de la literatura de Fiorentino:

"Sentado bajo un algarrobo, a la hora de la siesta lloraba el niño, haciendo con el dedo índice un pocito en la tierra. Las lágrimas le dejaban huellas de "cancha" en el rostro mugriento."

      Ahí están los elementos que definen el referente espacio-temporal, reducidos al mínimo indispensable: el algarrobo, tan caro a la literatura santiagueña tradicional (prácticamente un ícono), el quichua (presente en la palabra cancha que Fiorentino se encarga de destacar), la siesta, la proverbial siesta santiagueña, y por supuesto la tierra (infaltable en la mencionada línea criollista). El llanto es a su vez ejemplo de la emotividad que atraviesa los relatos, a pesar de su objetividad "científica" muchas veces dura e impiadosa; y también es muestra de lo habitual de unos personajes sufridos, entre los cuales predominan los niños o púberes: el propio Shishilo, Juan ("Juan Amor"), Palmiro ("Por hereje"), Elpidio ("Don Chaparro"), Nicasio ("Cara de nadie"), Ramón ("El oso"), Toño ("Toño, el víbora"), María ("El mejor regalo"), Damián ("El regalo del niño dios") Vicente y Raúl ("Los terrones").

      La mencionada preeminencia de personajes infantiles o adolescentes, muchos dotados de crueldad ("El apodo", "Pastor Urrejola") es muy llamativa. Es posible que tenga que ver con la circunstancia de que los cuentos fueron escritos cuando Fiorentino ya estaba en la ciudad, cuando ya era adulto, y su evocación de la vida rural y pueblerina adquiera casi inevitablemente la perspectiva infantil o juvenil con que alguna vez percibió esos ambientes. También nos tienta a interpretar como una pintura de un Santiago inmaduro, imagen que se conecta con aquella del "¡despierta, Santiago!" del poema que cierra el libro.

      Los cuentos están distribuidos en tres secciones: la primera es la más larga, y la segunda ("Cuentos de Navidad") y la tercera ("Leyendas") apenas tienen justificativo, dado que los pocos cuentos que las integran mantienen el mismo estilo de los de la primera sección (sólo "Pacto" y "Metamorfosis" se diferencian por la inclusión de lo sobrenatural).

      "Los perros salvajes", cierre de la primera sección, refiere una anécdota sencilla, la de los perros abandonados por sus dueños cuando deben emigrar por trabajo, y es casi un relato de terror. En el libro "Shishilo" prácticamente no está dramatizada la oposición de ambientes rural-urbano. Unos de los pocos cuentos en los que esta cuestión llama la atención es en aquél y en "Don Chaparro". En éste está muy marcada la presencia de la ciudad en una lectura que practica un niño, Elpidio:

"-Mi ciu... dad es her... mosa, hermosa, es... tá ador... nada, adornada por grandes e... di... ficios." (p.41)

Esta lectura se convierte en un marco cuando vuelve a aparecer al final del relato. De modo que no puede tomarse como un elemento circunstancial y motiva diversas interpretaciones. Por una parte está la visión idealizada de la ciudad, que es inculcada desde la escuela y que se induce a asumir como propia en ese posesivo "mi". Aquí tendríamos bastante para comentar acerca de contenidos educativos que estarían menospreciando la propia cultura del niño. Inmediatamente después de la voz de Elpidio, quien lee aquellas frases, casi deletrándolas, se oye la voz coloquial, con vulgarismos, del abuelo: "se está poniendo feo pa'l sur", expresando una especie de abrupta ruptura del espacio utópico.

      Más tarde, cuando don Chaparro logra dar con su nieto extraviado por la tormenta, lo encuentra atontado y repitiendo como un autómata, las frases de aquella lectura que estaba practicando a la mañana, casi como si se tratara de un conjuro. Elpidio se está impregnando de otra cultura diferente de la suya y se extravía, casi pierde la vida; Don Chaparro en cambio, está dotado del conocimiento necesario para adaptarse a un ambiente hostil.

      El tema de la hostilidad del ambiente vuelve, como dijimos, en "Los perros salvajes". Compadre, el perro abandonado por Aníbal, desconoce a su dueño y llega a amenazar su vida. Pareciera mostrarnos cómo el abandono de la tierra, de los "pagos", puede transformar a alguien de tal modo, que no sea identificado por su propio perro. Ha perdido la identidad ante el animal. Y es aún más potente la imagen de esa jauría capturando a Aníbal, llevándolo a las rastras e intentándolo meterlo en una vizcachera: es decir, como si estuvieran intentando devolverlo a la tierra que dejó. El simple pocito que Shishilo hace en la tierra en el comienzo de la antología, se convierte en un agujero mortal en el final de la primera parte del libro.

      Es notable, sin dudas, esta circunstancia de que un "simple" ordenamiento o reordenamiento de los textos de una antología puedan adquirir un significado especial. Es lo bueno, como señalábamos al principio, de la reedición de una obra muy preciada en esta provincia, una ocasión que debe celebrarse, no sólo por la posibilidad de reencontrarnos con viejos y queridos relatos, sino porque (como más o menos intentamos ejemplificar en este artículo) podemos además encontrar nuevos siginificados. Sin dejar de mencionar, claro, la otra circunstancia positiva: que se abre la posibilidad de que nuevas generaciones de lectores conozcan esta obra que resalta por mérito propio dentro del corpus literario clásico santiagueño.

(1) Por algo a Dante Fiorentino lo suelen llamar Shishilo.

(2) No por casualidad, obtuvo por "El padre" un premio en un concurso nacional que llevaba el nombre de Horacio Quiroga, uno de sus autores admirados, creador del famoso decálogo que nuestro escritor dice haber seguido siempre a pie juntillas, con los resultados que todos conocemos.

(3) La crónica periodística reciente acerca del trabajo en condiciones precarias de trabajadores rurales temporales, por ejemplo, nos hace confirmar que el "tema" no está agotado y que todavía necesita de un cronista que dé cuenta de ello.

(4) Mempo Giardinelli habla de ciertas rémoras que habrían sido las causantes del desprestigio en que cayó el criollismo: "reiteradas manifestaciones de simpleza esencial: descripción casi fotográfica; personajes elementales; asuntos previsibles; texturas simplistas y planas; lamentables intenciones moralistas." Y es casi como si hubiera hecho una suerte de anti-definición de los textos de nuestro autor. ("Una meditación sobre el cuento criollista en la Argentina del fin del siglo XX", Anales de Literatura Hispanoamericana, 1998, nº 27, pág.64)

{
}
{
}

Comentarios Shishilo

Lo excelente nunca pasa de moda. Sigue vigente el viejo refrán (generalmente repetido en forma incompleta): "PINTA BIEN TU ALDEA Y SERÁS UNIVERSAL". Por eso Fiorentino esárá siempre vigente y Sishilo es un "longseller". Además, no es cierto que Fiorentino no siga escribiendo; esta edición incluye también su libro "Cara de nadie", que es MUY posterior a "Sishilo". Por si fuera poco, este autor se dedica ahora a transmitir generosamente sus amplios conocimientos sobre cómo hacer buena narrativa, en cursos del PEAM.UNSE.
Raúl Jorge Lima Raúl Jorge Lima 06/01/2012 a las 16:53
Gracias por leer, Raúl. Fijate que en el artículo se hace referencia en el primer párrafo a "Cara de nadie", de cuya aparición ya pasaron más de 10 años.  Como en el caso de muchos escritores santiagueños, es posible que Dante siga escribiendo, pero es difícil saberlo mientras no lo "haga público" por cualquier medio (por eso digo "si siguiera escribiendo y publicando"). 
Qué bueno que hayas escrito sobre la edición del 2009, de Fiorentino; eso me permitió obtener un dato editorial que no encontraba en ningún lado (no estaba segura que la del '88 era la primera).
Recuerdo el comentario que hice el viernes en el box de letras acerca de este autor...tendremos que volver a hablar de este tema... después de mis lecturas...
Ester Azubel Ester Azubel 14/11/2012 a las 14:59

Deja tu comentario Shishilo

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre